El Pas de l’Ase

Un enclave geoestratégico

Ebre pas de l'ase 1
Ebre pas de l'ase 2 Ebre pas de l'ase 3

En este paraje podemos contemplar uno de los estribos del brazo interior de la Sierra Prelitoral que queda interrumpido por el curso del Ebro, dando lugar al estrecho del Pas de l’Ase, de unos 4 km de largo.

Destacan en él diversas elevaciones como las de la Roca de Beanta, la sierra del Tormo y la Roca del Sol, estas últimas ya dentro del término de Garcia.

En la orilla derecha del río, en el término de Ascó, este paso está constituido por la alineación de seis pequeñas elevaciones en forma de sierra, llamados els Mugrons, 2,5 km al sur del pueblo, a la derecha del antiguo camino que comunica esta población con la de Móra. En els Mugrons debe distinguirse la Roca de l’Ortiga, escarpado erosionado por el río, y el Barber Medina, altiplanicie entre los seis dientes dels Mugrons y la Roca mencionada.

En conjunto, el Pas de l’Ase define un marco territorial especialmente importante desde los puntos de vista histórico y paisajístico, con un rico potencial de vestigios arqueológicos conocidos. Su estudio sistemático nos está aportando datos de gran interés para interpretar la génesis y evolución de un poblado prehistórico disperso en el plano, hasta su concreción en hábitats bien estructurados de forma estable en puntos más o menos elevados y diseñados de acuerdo con las necesidades de sus ocupantes.

. Este pequeño congosto, ya en el último tramo de la cuenca fluvial del Ebro, consideramos que podría haber determinado uno de los límites del territorio ilercavón, característica que posteriormente se mantendrá al definir también el área de influencia de la ciudad romana de Dertosa.

. También facilita el paso en otras direcciones, en gran parte controlado desde la propia colina de Sant Miquel, a través de la localidad de La Torre de l’Espanyol, donde conocemos la existencia de un importante asentamiento de época romana, el de la Font de n'Horta, con una red de caminos que conducen hacia las tierras de El Priorat, concretamente en la cuenca minera de El Molar-Bellmunt-Falset, potencialmente ricas en galena argentífera y en la antigüedad también en otros minerales, cuya explotación tenemos bien documentada, arqueológicamente, al menos a partir del siglo VIII a. C.

En el interior de una balsa que recoge el agua que fluye de forma natural, la Font de n’Horta, a 1 km aproximadamente del núcleo urbano, en 1965 se recuperó un conjunto de unas treinta monedas, fechadas entre la segunda mitad del siglo I a. C. hasta el siglo II d. C., junto a otros materiales, como herramientas agrícolas o algunas armas, que en gran parte fueron arrojadas. Por sus características, podemos suponer que se habría tratado de una serie de hechos intencionados con finalidades magicoreligiosas, muy frecuentes durante el reinado de Marco Aurelio, etapa a la que pertenece la mayoría de las monedas.

Puntos de interés arqueológico:

Es necesario remarcar el yacimiento de la Vall Garcia dentro del término de Garcia, que se caracteriza, principalmente, por la presencia de vestigios que nos documentan una continuada actividad de la talla del sílex para obtener herramientas líticas durante la época prehistórica.

En la Roca del Sol se conservan los vestigios de un poblado fechado entre los siglos IV-I d. C.

Asimismo, el asentamiento de Sant Miquel (siglo II-I a. C.) es un claro ejemplo de una planificación previa a la construcción del recinto, resultado de la valoración de la topología de la colina, de acuerdo con las funciones específicas de tipo militar y comercial que debía tener, favorecidas por las características geomorfológicas del propio terreno natural.

El área estuariana y las canteras de jaspe

Si tenemos en cuenta que la formación del delta es muy reciente, los alrededores de Tortosa, más de 2.000 años atrás, deberían haber sido un lugar idóneo como asentamiento humano. Ofrecían principalmente dos ventajas: la proximidad de un puerto natural en la costa y, de cierto modo, el estuario del Ebro.

Estas condiciones geográficas han favorecido a lo largo de muchos siglos la existencia de un importante centro de comunicación entre el litoral y los territorios del interior, en una zona rica en recursos agrícolas y forestales, entre otros atractivos de tipo económico como la explotación de las canteras situadas al sur del actual núcleo urbano. En algunos puntos tenemos todavía un gran número de testimonios que nos documentan la explotación y comercio del brocatello o jaspe de la Cinta, en un período comprendido entre mediados del siglo I y el último tercio del siglo III. Esta piedra calcárea en todas sus variedades, usada hasta hoy día, constituyó uno de los materiales más utilizados por los romanos por su producción epigráfica, sobre todo de pedestales. En la misma localidad de Tortosa se han encontrado diferentes ejemplares de pedestales, así como en diferentes yacimientos del interior situados cerca del río.

Tras la extracción de este material, posiblemente habría sido trasladado des de la cantera a través del mismo Barranc de la Llet o de Sant Llàtzer, hacia el río, al sur de la ciudad, para ser transportado hacia los diferentes puntos de destino por vía marítima o fluvial hacia el interior de la península.

Dertosa y su puerto
La característica más relevante que configura la ciudad romana de Dertosa en contraste con la Tortosa actual viene determinada por la existencia del doble puerto maritimofluvial dentro del eje viario terrestre que unía las principales ciudades del litoral mediterráneo. Según los Vasos Apolinares*, Dertosa se encuentra entre las localidades de Intibilim y Subsaltum. Esta última relacionada con el paraje de Censals, en El Perelló, cerca de donde a lo largo de los años se ha ido produciendo el descubrimiento de diversos vestigios romanos.

La información proviene, sobre todo, de las siguientes fuentes:

1. Textos literarios. Diferentes textos antiguos nos ofrecen referencias sobre la existencia de un destacado núcleo comercial bien constituido en el siglo VI a. C. alrededor de la desembocadura del Ebro.
2. La numismática. El estudio de las primeras monedas atribuidas a la ceca de Tortosa, de mediados del siglo I a. C., donde aparecen las representaciones de una embarcación marítima en el anverso y otra de fluvial, en el reverso.
  3. La epigrafía. Esta disciplina nos ofrece algunos elementos iconográficos complementarios (estela de la barca) a los representados en las monedas, además de la información contenida en las inscripciones, la mayoría localizadas alrededor de la catedral y del castillo de la suda, casi siempre engastadas en viejos edificios. Hoy, las más emblemáticas han sido extraídas, y en su lugar se ha colocado la correspondiente réplica para evitar su degradación y mantener, a la vez, la imagen original de los edificios donde se conservaban.

Remarcando el carácter marinero de Dertosa y de sus habitantes, cabe destacar la estela de la torre de levante de la suda. En la parte superior aparece la representación de una nave con las velas extendidas. Referente al contenido epigráfico, aparece un personaje al que la muerte sorprendió muy lejos de su tierra de origen, posiblemente un marinero o figura dedicada al comercio marítimo.

4. La arqueología urbana. Aunque en los últimos años el número de intervenciones haya aumentado de forma considerable, hasta la fecha en el núcleo urbano no se han localizado vestigios de época republicana dentro de un contexto estratigráfico bien definido. La información más importante que nos permite determinar la evolución de esta ciudad se basa principalmente a partir de las investigaciones efectuadas en los solares de la Costa dels Capellans y en la plaza de l'Olivera, ambos situados dentro del núcleo antiguo, junto a la catedral.

El estudio del material acumulado en la Costa dels Capellans nos indica la existencia de un vertedero de tipo doméstico, fechado de época flavia (70-100 d. C.), donde la presencia de material cerámico de importación relaciona esta ciudad con diferentes puntos de la Galia, Italia y el norte de África.

Los restos más antiguos que se han podido relacionar con estructuras constructivas están en la plaza de l’Olivera y corresponden a la época imperial. A partir de este momento encontramos restos de ocupación dispersas, no sólo dentro del perímetro de la actual ciudad, sino también en otras localidades cercanas: villae de Casablanca, Barrugat y Mas del Catxorro, que perduran hasta época tardía, sobre todo la de Barrugat. Asimismo, Dertosa continúa conservando su importancia en época visigoda bien documentada por la numismática y la epigrafía, probablemente a consecuencia del comercio transmarino a través de su puerto.

La existencia del doble puerto ha configurado una personalidad propia a Tortosa y ha desarrollado un papel determinante a lo largo de toda su historia, cuya evolución ha sucedido, en gran parte, como consecuencia del dinamismo comercial en un territorio bien organizado con una estructura social y económica definida ya en época prerromana, en una red de caminos que habría facilitado la circulación, distribución y comercio de productos y al mismo tiempo favorecía el paso de personas y la difusión de ideas y costumbres.

Los valores estratégicos fueron aprovechados para objetivos comerciales y militares desde la antigüedad tal como se desprende de las fuentes literarias. Sin embargo la arqueología, de momento, no nos ha permitido conocer directamente algunos de los aspectos concretos de la forma del puerto si no tan solo a percibir algunos elementos que nos hagan posible sugerir posibles hipótesis más o menos probadas por documentos de épocas más recientes.

Por tanto, si bien tenemos ampliamente documentada la existencia de una gran actividad portuaria en Tortosa a lo largo de muchos siglos, hasta hoy no se ha encontrado casi ningún resto de construcciones relacionado directamente con dicho puerto. No obstante, gracias a las condiciones del medio natural, probablemente no habrían sido necesarias grandes obras estructurales, tal como se ha mantenido hasta casi nuestros días, a pesar de su lejanía con respecto al mar.